Maxilofacial, Fisioterapia

Causas de acúfenos: más allá de la mandíbula y el cuello

11 mayo 2026
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Texto escrito y revisado por Fernando Ruiz. Fisioterapia maxillofacial experto en acúfenos

Introducción

Cuando se habla de acúfenos —ese pitido, zumbido o ruido que una persona percibe sin que exista una fuente externa real— hay una tendencia bastante extendida a simplificar demasiado el problema. Como los acúfenos no duelen y no indican riesgo vital, la comunidad médica los ha infravalorado durante décadas.

La literatura científica no dibuja un único origen, sino un mapa más complejo. Los acúfenos pueden tener causas auditivas u otológicas, somatosensoriales, farmacológicas, inflamatorias, psicológicas y metabólicas, entre otras. Algunas son más sólidas desde el punto de vista de la evidencia; otras están sugeridas, pero con resultados aún irregulares. Y esa distinción importa, porque no todo acúfeno se aborda igual ni debería explicarse con el mismo molde.

De hecho, una revisión sistemática y metaanálisis sobre factores de riesgo confirma asociaciones con pérdida auditiva, exposición laboral al ruido, tratamientos ototóxicos con platinos, otitis media, trastorno temporomandibular, depresión e hiperlipidemia [1]. Por otro lado, una revisión centrada en el acúfeno somatosensorial subraya que este subtipo existe, pero no debe confundirse con la totalidad del problema: su rasgo clave es que el acúfeno se modula con maniobras físicas, y su fisiopatología parece implicar interacción entre aferencias somáticas y el sistema auditivo, especialmente a nivel del núcleo coclear dorsal [2].

A partir de ahí, conviene poner orden. No para encasillar, sino para entender mejor por qué los acúfenos no son una entidad única y por qué reducirlos a “algo muscular” deja fuera piezas importantes del puzle.

Qué son los acúfenos y por qué no tienen una sola causa

Los acúfenos son una percepción sonora sin estímulo externo correspondiente. Pueden presentarse como pitidos, zumbidos, siseos, chasquidos o incluso una sensación pulsátil. En unos casos aparecen tras una exposición clara al ruido. En otros se relacionan con una pérdida auditiva progresiva. Y en otros, sí, cambian al apretar la mandíbula o mover el cuello.

Ese último detalle ha ganado mucha atención en los últimos años, quizá porque ofrece una explicación tangible. Pero la realidad clínica suele ser menos limpia. Hay pacientes con varios factores al mismo tiempo: un poco de daño coclear, algo de bruxismo, mucho estrés, sueño deficiente y un episodio previo de otitis. No siempre se puede trazar una línea recta.

La revisión de Biswas y colaboradores lo deja bastante claro: algunos factores parecen tener asociación positiva con el tinnitus, pero la calidad general de la evidencia sigue siendo baja o limitada en muchos casos [1]. Eso obliga a ser prudentes. Y ser prudentes, en salud, suele ser más útil que sonar tajante.

Causas auditivas y otológicas: las más evidentes, y a menudo las más ignoradas

Pérdida auditiva y daño coclear

Si hubiera que empezar por una causa frecuente y bien respaldada, sería esta. La pérdida auditiva, especialmente la neurosensorial, aparece una y otra vez en la literatura como uno de los grandes factores relacionados con el tinnitus [1]. Tiene sentido: cuando el sistema auditivo pierde entrada sensorial normal, el cerebro puede reorganizar su actividad y generar una percepción sonora fantasma.

No siempre la persona nota que oye peor. A veces dice algo como: “Yo oigo bien, solo tengo un pitido”. Pero una audiometría muestra una caída en frecuencias altas. Y ahí cambia bastante la conversación.

Exposición al ruido y trauma acústico

El ruido sigue siendo uno de los sospechosos principales. La revisión sistemática y metaanálisis sobre factores de riesgo encontró asociación positiva con la exposición ocupacional al ruido [1]. Esto incluye entornos industriales, herramientas de alto impacto, trabajos con maquinaria pesada o exposición mantenida a volúmenes elevados.

Luego está el trauma acústico, que merece capítulo propio. No es exactamente lo mismo que la exposición crónica. Aquí hablamos de una agresión sonora intensa, a veces brusca: un disparo, una explosión, un petardo, un concierto muy cerca del altavoz. El acúfeno puede aparecer de forma inmediata o en las horas posteriores, a menudo acompañado de sensación de oído taponado o disminución auditiva. Lo vemos muy a menudo en fiestas populares o en los festivales de música en Verano.

Y aquí hay una observación casi obvia, pero conviene decirla: que algo sea frecuente no lo vuelve banal. Mucha gente normaliza el “pitido después del ruido” como si fuera un peaje pequeño. Un acúfeno diagnosticado de forma precoz y tratado eficazmente puede cambiar significativamente la calidad de vida del paciente.

Otitis media y otras causas del oído

Entre los factores con asociación positiva también aparece la otitis media [1]. No es extraño. Una alteración inflamatoria o infecciosa del oído medio puede modificar la transmisión del sonido, generar presión, alterar la percepción auditiva y dejar síntomas residuales.

Más allá de esa revisión, en la práctica clínica también se consideran dentro de este grupo otras situaciones otológicas como disfunción tubárica, enfermedad de Ménière, tapones de cerumen o cambios estructurales del oído. No todos tienen el mismo peso en la literatura citada aquí, pero forman parte del territorio clásico de los acúfenos.

El acúfeno somatosensorial existe, pero no explica todos los casos

Qué caracteriza al subtipo somatosensorial

La revisión de Haider y colaboradores es una de las más citadas cuando se habla de acúfeno somatosensorial [2]. Su idea central es muy concreta: este subtipo se asocia con activación de sistemas somatosensoriales y somatomotores, y una de sus características más distintivas es que el acúfeno se modifica con contacto físico o movimiento.

Eso significa que al abrir mucho la boca, apretar los dientes, girar el cuello o presionar ciertas zonas, el pitido cambia de intensidad, tono o lateralidad. Ese patrón no es anecdótico. Tiene valor clínico.

ATM, bruxismo y cervicales

Dentro de este grupo, el trastorno temporomandibular es probablemente el actor más conocido. La revisión sistemática de 2025 sobre la relación entre TMD y tinnitus encontró una asociación significativa y plantea mecanismos somatosensoriales y de neuroplasticidad como explicación posible [3]. También menciona que enfoques como la terapia manual y los tratamientos multidisciplinares pueden tener utilidad clínica, aunque la evidencia sigue siendo inconsistente [3].

Dicho de otro modo: sí, la ATM puede estar implicada. Sí, cuello y mandíbula importan. Pero no, eso no convierte cada acúfeno en un problema de mordida o de cervicales.

De hecho, el propio campo del acúfeno somatosensorial sigue teniendo límites. Haider y su equipo señalan que no existen guías clínicas basadas en evidencia robusta y que la atención al paciente sigue siendo bastante empírica [2]. No es poca cosa. A veces en redes se presenta como una categoría cerrada, casi resuelta, y la investigación no dice exactamente eso.

No obstante la experiencia clínica adquirida en Fisioterapia Reset durante +10 años en acúfenos nos facilita  diagnosticar y tratar lo mejor posible este tipo de acúfeno.

Fisiopatología: cómo se cruza lo somático con lo auditivo

Uno de los puntos más interesantes de esa revisión es la hipótesis neurofisiológica: las modulaciones somáticas del tinnitus podrían explicarse por actividad sináptica alterada o cruzada en el núcleo coclear dorsal, o por interacciones entre el sistema auditivo y otros subsistemas sensoriales [2].

Esto ayuda a entender algo importante: el origen no tiene por qué ser “mecánico” en sentido simple. No se trata solo de un músculo tenso que “produce un pitido”, sino de redes sensoriales que se influyen entre sí. Y esa diferencia cambia mucho el enfoque.

Causas farmacológicas: cuando el problema no empieza en el oído, pero acaba allí

La revisión de Biswas et al. identifica una asociación positiva entre tinnitus y terapia ototóxica con platinos [1]. Esto es clínicamente relevante, sobre todo en contextos oncológicos. Algunos tratamientos pueden lesionar estructuras auditivas y favorecer la aparición de acúfenos.

No significa que cualquier medicamento cause tinnitus, ni que deba generarse alarma indiscriminada. Pero sí recuerda algo importante: hay casos donde la explicación no está en el cuello, ni en el estrés, ni en una supuesta “somatización”, sino en un efecto adverso bien conocido del tratamiento.

A veces olvidamos revisar esa parte de la historia clínica. Y no deberíamos.

Inflamación y acúfenos: una vía prometedora, todavía en desarrollo

La dimensión inflamatoria del tinnitus ha ganado interés en los últimos años. Una revisión sistemática y metaanálisis encontró aumento de TNF-α e IL-1β, además de activación de microglía y astrocitos, lo que sugiere que la inflamación podría tener un papel en algunos pacientes [5].

Esto no significa que el tinnitus sea, sin más, una enfermedad inflamatoria. Pero sí abre una vía interesante: en determinados contextos, la inflamación podría contribuir a la aparición o mantenimiento del síntoma. Quizá como desencadenante, quizá como amplificador. Todavía no está del todo claro.

Y aquí aparece una pequeña contradicción que, honestamente, hace el tema más real: cuanto más se investiga el tinnitus, más parece claro que no hay una sola explicación maestra. A veces eso incomoda. Pero probablemente es la verdad más útil.

Factores psicológicos y emocionales: no como causa simplista, sí como parte del cuadro

Hablar de depresión, ansiedad o malestar emocional en tinnitus exige tacto. Durante años, demasiadas personas han escuchado una versión bastante injusta del problema: “es estrés”, “te lo genera la cabeza”, “no pienses en ello”. Esa lectura simplifica en exceso y puede ser dañina.

Ahora bien, la revisión sistemática sobre depresión en pacientes con tinnitus encontró una prevalencia mediana del 33% de depresión en personas con acúfenos [4]. Y la revisión sobre factores de riesgo también identifica depresión como uno de los factores no otológicos asociados [1].

Eso no convierte la depresión en la causa única del síntoma, pero sí en una variable importante de comorbilidad, mantenimiento o agravamiento. Un acúfeno puede volverse mucho más intrusivo cuando entra en bucle con insomnio, hipervigilancia y malestar emocional. No es imaginación. Es interacción entre percepción, atención y carga afectiva.

Factores metabólicos y sistémicos: los invitados silenciosos

La revisión de Biswas y colegas también encontró asociación positiva con hiperlipidemia [1]. No es, probablemente, la primera causa que le viene a la cabeza a alguien cuando piensa en pitidos. Pero precisamente por eso merece atención.

Este tipo de factores sistémicos suelen quedar en segundo plano porque no tienen una narrativa tan inmediata como el ruido o la mandíbula. Sin embargo, el organismo no funciona por compartimentos limpios. Lo metabólico, lo vascular, lo neurológico y lo auditivo se cruzan más de lo que nos gustaría para poder explicarlo todo con una frase breve.

¿Y el barotrauma?

Aquí conviene ser exactos. En la búsqueda utilizada para estructurar este texto no apareció una revisión fuerte centrada específicamente en barotrauma y tinnitus. Por eso no sería riguroso presentarlo con el mismo nivel de apoyo que la exposición al ruido, la pérdida auditiva, el trastorno temporomandibular o la depresión.

Eso no quiere decir que el barotrauma no pueda causar acúfenos. Clínicamente se reconoce como una posibilidad, especialmente cuando hay lesión del oído por cambios bruscos de presión, como en vuelos, buceo o maniobras de presión mal toleradas. En este caso la medicina hiperbárica ayuda a dar cabida a este subtipo de acúfeno.

Una forma más útil de ordenar las causas de acúfenos

Si hubiera que sintetizar el panorama, una clasificación razonable de los acúfenos, respetando la estructura principal que emerge de la literatura revisada, sería esta:

Causas auditivas y otológicas

Pérdida auditiva, daño coclear, exposición laboral al ruido, trauma acústico, otitis media y otras alteraciones del oído [1].

Causas somatosensoriales

Trastorno temporomandibular, bruxismo, cefalea y migraña, disfunción cervical y cuadros en los que el tinnitus cambia con movimiento o presión [2][3].

Causas farmacológicas

Especialmente tratamientos con potencial ototóxico, como los compuestos basados en platinos [1].

Factores inflamatorios

Procesos biológicos en los que mediadores inflamatorios y activación glial podrían participar en algunos casos [5].

Factores psicológicos y afectivos

Depresión y otras variables emocionales que no explican todo por sí solas, pero sí modulan el sufrimiento y la persistencia del síntoma [1][4].

Factores metabólicos o sistémicos

Como la hiperlipidemia, cuya asociación ha sido observada en estudios analíticos [1].

No es una clasificación perfecta. Pero se acerca más a la realidad que reducir todo a un problema postural o, en el extremo contrario, tratar todos los casos como si fueran idénticos.

Preguntas frecuentes sobre causas de acúfenos

¿Los acúfenos siempre se deben a estrés o ansiedad?

No. El estrés y la ansiedad pueden empeorar mucho la percepción del acúfeno y hacer que resulte más molesto, pero no explican por sí solos todos los casos. La literatura encuentra asociaciones con pérdida auditiva, exposición al ruido, otitis media, trastorno temporomandibular, depresión, hiperlipidemia y tratamientos ototóxicos [1]. En la práctica, lo emocional suele formar parte del cuadro, sobre todo cuando el síntoma se cronifica, pero no conviene usarlo como explicación automática. Decir “es estrés” demasiado pronto puede hacer que se pasen por alto causas auditivas o médicas importantes.

¿La mandíbula y las cervicales pueden provocar pitidos en el oído?

Sí, pueden estar implicadas en algunos casos. El llamado acúfeno somatosensorial se caracteriza porque el sonido cambia con movimientos de la mandíbula, el cuello o la presión sobre ciertas zonas [2]. Además, existe evidencia de asociación entre trastornos temporomandibulares y tinnitus [3]. Ahora bien, eso no significa que todos los acúfenos tengan origen musculoesquelético. Es una parte del mapa, no el mapa entero. Si hay sospecha de componente somático, suele ser útil valorar ATM, bruxismo, musculatura cervical y patrones de modulación del síntoma.

¿El trauma acústico puede causar tinnitus permanente?

Sí, puede hacerlo. Una exposición sonora intensa —como una explosión, un disparo o música a volumen extremo— puede dañar el sistema auditivo y desencadenar tinnitus. La evidencia sobre ruido y factores auditivos es sólida dentro de los factores relacionados con acúfenos [1]. A veces el pitido desaparece en horas o días, pero en otras personas persiste. La duración depende de la magnitud del daño y de factores individuales. Por eso no conviene trivializar un pitido que aparece justo después de una exposición intensa al ruido, especialmente si además hay sensación de oído taponado o pérdida de audición.

¿Hay medicamentos que puedan provocar acúfenos?

Sí. Algunos tratamientos tienen potencial ototóxico y pueden favorecer la aparición de acúfenos. En la revisión sistemática sobre factores de riesgo aparece, por ejemplo, la terapia con platinos como asociación positiva [1]. Esto no significa que cualquier medicamento sea sospechoso ni que haya que suspender tratamientos por cuenta propia. Lo razonable es revisar la medicación con un profesional cuando el tinnitus aparece tras iniciar un fármaco o cambiar dosis. A veces la relación es clara; otras, no tanto. Pero es una causa real que conviene considerar dentro de la historia clínica.

¿Qué causa tiene más peso: la auditiva o la musculoesquelética?

Depende del caso, aunque en términos generales las causas auditivas y otológicas suelen tener más respaldo global, sobre todo pérdida auditiva y exposición al ruido [1]. El componente somatosensorial está bien descrito, pero como subtipo específico, no como explicación universal [2]. De hecho, muchas personas presentan una mezcla de factores: algo de daño auditivo, algo de tensión mandibular y bastante carga emocional. Esa combinación es más frecuente de lo que parece. Por eso, cuando alguien intenta encontrar “la única causa”, a veces la respuesta más honesta es que no siempre existe una sola.

La idea importante, al final, es sencilla: los acúfenos no deberían explicarse con una plantilla única. Hay casos donde el cuello y la mandíbula cuentan mucho. Otros donde el ruido lo cambia todo. Otros en los que pesa más la pérdida auditiva, la medicación o el estado emocional. Entender eso no resuelve cada pitido, pero evita un error bastante común: creer que todos suenan por la misma razón.

Referencias bibliográficas

[1] Low Evidence for Tinnitus Risk Factors: A Systematic Review and Meta-analysis. R. Biswas, Eleni Genitsaridi, Natalia Trpchevska, Alessandra Lugo, W. Schlee, Christopher R. Cederroth, S. Gallus, Deborah Hall. 2022. JARO: Journal of the Association for Research in Otolaryngology. 49 citas.

[2] Pathophysiology, Diagnosis and Treatment of Somatosensory Tinnitus: A Scoping Review. H. Haider, D. Hoare, Raquel F. P. Costa, Iskra Potgieter, Dimitris Kikidis, A. Lapira, Christos Nikitas, H. Caria, Nuno T. Cunha, J. Paço. 2017. Frontiers in Neuroscience. 73 citas.

[3] The Association Between Temporomandibular Disorders and Tinnitus: Evidence and Therapeutic Perspectives from a Systematic Review. G. Dipalma, A. Inchingolo, C. Pezzolla, R. Sardano, I. Trilli, D. Di Venere, F. Inchingolo, A. Palermo, A. Inchingolo. 2025. Journal of Clinical Medicine. 4 citas.

[4] Depression in Patients with Tinnitus: A Systematic Review. James W. Salazar, K. Meisel, E. Smith, Aaron Quiggle, D. McCoy, M. Amans. 2019. Otolaryngology–Head and Neck Surgery. 112 citas.

[5] The Role of Inflammation in Tinnitus: A Systematic Review and Meta-Analysis. Lilian M. Mennink, Marlien W. Aalbers, P. van Dijk, J. V. van Dijk. 2022. Journal of Clinical Medicine. 31 citas.

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